sábado, 9 de diciembre de 2017

Reflejos


Quisiera ver sus reflejos sin sentir lo que siento,
el brillo de sus luceros sin atarme a ellos,
Quisiera no escuchar lo que escucho,
no ver lo que veo,
no entender lo que entiendo.
Quisiera apagar mi sexto sentido,
quisiera no tener frío.
Quisiera concentrarme,
quisiera terminar lo que empecé.
Quisiera darle importancia a lo importante.
Quisiera no estar enferma,
quisiera que el tiempo se detuviera.
Retraso la carrera, pero es inminente.
Sé cómo salvarme pero no quiero.
Todo está cambiando de lugar mientras yo me siento a ver el oscuro cielo.
Ahí nada cambia, pero a mi alrededor sí, por eso dirijo la mirada hacia arriba,

como si así me librara del movimiento.


martes, 21 de marzo de 2017

Quiero ser río


Los minutos se deslizan al ritmo de la Primera Arabesca de Debussy, parece que se detienen, pero son constantes.
Se van los días y me abraso de las noches sin quererlas soltar, no quiero salir de su oscuridad. Por eso al primer saludo del sol, cierro mi corazón para que no se le olviden las estrellas. Ellas me rodean creando hermosas figuras en mi cielo, me recuerdan el pasado y transforman el presente.
Mis ojos no quieren ver lo evidente, se imaginan otros horizontes mientras el mundo se pierde entre el polvo que causan las bombas exteriores e interiores.
La columna está dolorida por tanto no cargar, por empeñarse en su posición fetal que debió superar hace más de tres pares de manos, las cuales no han aprendido o no quieren soltar.
Suspendido mi cabello corre con el agua, flota en los líquidos de lo incomprensible, de la negación, la fascinación por la calma. Contrarios a las olas del mar que me arrastran y me estampan contras las rocas. No quiero ser mar, quiero ser río y seguir mi propio camino sin detenerme.
Ahora soy una hermosa laguna inmóvil y quieta, que esconde dentro de sí hermosas ciudades perdidas en el tiempo, donde los peces de colores han hecho su hogar feliz y tranquilo. Los rayos del sol dan brillo a mis aguas verdes, inertes en la quietud de tiempos que no corresponden con el ahora.

Del fondo surge una fuerza que me obliga a moverme, pero las pesadas montañas me lo impiden; cantan despacio muchas historias que aturden mi silencio. Sin que ellas lo quieran me hacen invocar a la tierra y al viento para que me ayuden a salir de mi.


martes, 28 de febrero de 2017

Joven esperanza

En el intento de encontrarme de nuevo entre la blancura de las hojas y la tinta azul de mi corazón, pude escuchar sus débiles toquidos suplicantes para que abriera la puerta.
Un poco temerosa ante la duda de lo que podía encontrar al otro lado, me armé de valor y la abrí. Ríos de agua marina salieron y me empaparon.
El pobre corazón se estaba ahogando, pensé que me reclamaría el abandono, pero no fue así. Sonrió débilmente y me abrazó. Su cuerpecito débil como pudo se puso en pie, no había perdido su inocencia. En seguida puso nuestra canción preferida, preparó té y galletas de chocolate.
No había nada qué decir porque los dos nos entendíamos muy bien, así que solo sonreímos y comimos en silencio un largo rato.
Caminamos por su jardín y me mostró los estragos de la helada. Al ver mi mirada triste dijo que me seguiría hasta que ya no pudiera estirar más la cuerda, pasara lo que pasara.
Nunca me había juzgado y no lo haría esa vez, solo me dijo:
“Sé que sigues sin entender lo que pasa, yo tampoco lo entiendo bien. Caminas lejos, muy lejos; arriesgas tus tobillos y subes las montañas pese a que nunca ha sido buena para caminar y de pronto, volteas y al ver el fuego de la casa regresas corriendo sin importar que te resbalas al bajar, sientes que esos golpes no te duelen, pero créeme nos dolerán.
Hiciste cálculos matemáticos y lo intentaste por diferentes caminos, pero siempre salió el mismo resultado. Te aterrorizaba tanto que acudiste a mí para que te diera tu respuestas, la que venias creando entre nubes y yo, ¡claro!, te la di.
Ahora mira en que punto estamos, las manecillas siguen su camino mientras tu vives de sueños en tu cama, tus decisiones las construyes como un barco de papel y es tan cómodo que le has dibujado puertas, ventanas, flores y lo has pintado con tus colores preferidos. Ves el atardecer en la hamaca, te gana el sueño, te levantas en la madrugada llena de angustias, miras las estrellas y te vuelves a dormir sin darles importancia; mientras los periódicos matutinos se quedan atrancado la puerta de la realidad. El primer día dijiste que lo levantarías y leerías más tarde, ahora son tantos que tu barco se hunde lentamente, pero no te preocupes, te seguiré hasta esa isla que me has prometido —aunque la seguimos sin ver— dices que hay peces de colores y suficientes frutas para comer. Sólo te pido que esta vez llegues antes a liberarme de esta agua salada, temo convertirme en coral y que sólo puedas escuchar el eco de mi voz”.

Salí y dejé la puerta entre abierta para seguir escuchando nuestra canción. Me acerqué al horizonte y me dejé iluminar por el sol, al tiempo que se me escapaba una sonrisa germinada por la joven esperanza.


domingo, 5 de febrero de 2017

Flor azul



Hay fuerzas que no se pueden detener.

Hoy como cada noche la humedad conocida recorre mis miles de rostros...

Cada vez estoy mas lejos...

A este punto llegué por mis pasos, por mis palabras, por mis decisiones.

Hay sombras que perturban mi claridad…

Encontré una hermosa flor azul.
Le di todo lo que creí que necesitaba,
le lleve al sol para vivificarla con su calor,
a la luna para que le cantara con un coro de estrellas sus melancolías,
Al viento para animar sus hojas.
Leí cada uno de sus pétalos cuando me lo pidió,
le cambie la tierra cada día para que se sintiera nueva.
Me transforme en lluvia, en abono y luz.
Fui todo con ella por amor.
Es hermosa, sabia, noble, delicada, atractiva y fuerte como desde un principio,
pero ahora se eleva para alcanzar alturas
y cientos de ojos la pueden ver y la recorren con ternura por lo que es.
He decidido darme a otras hermosas flores,
un campo entero…
en un acto de profunda entrega y amor incomprensibles.
Se que así lo quiero, pero duele soltar a mi flor.
Otros la cuidarán, admirarán y amarán tanto como yo.
No está sola…
Se merece todo ello, 
que ni el sol ni la luna le falten y continúe creciendo en plenitud.
Yo trabajaré muy duro sin olvidarla,
cuidaré otras hermosas flores multicolores que la mantendrán en el jardín mi corazón.
La acariciaré con mi oración.

Mis pies descalzos recorren nuestra tierra
y mis ríos la humedecen.
Tras mis pasos crecerán nuevos retoños

y yo estaré ahí para todos ellos.


domingo, 25 de diciembre de 2016

De cuando en cuanto la tomo del vestido para no sentir la vida tan real


La hermosa ilusión cada vez se hace más opaca.
De entre las sombras surgen las imágenes reales.
He vivido en una maravillosa mintiera, tan dulce, tan linda, tan fascinante que todavía me pasma, me embelesa.
Aunque me lastima me cuesta soltarla, pero hace tiempo que la solté.
De cuando en cuanto la tomo del vestido para no sentir la vida tan real, pero me hunde más.
El tiempo no ha dejado de resbalar.
Racimos de mis mejores minutos se los entregue y no hay nada que reprocharme.
La entrega fue total, sin medida, sin limitar ni proteger mi corazón, él así lo quiso.
Siempre supe que erraba el camino, pero los paisajes eran de ensueño. No podía dejar de caminar y maravillarme, aunque a cada paso una flor moría.
No lo quería ver.
No importaba.
No había nada mas que importara.
La ceguera no era tan evidente.
Todo esto ya forma parte de mi ser aun con la falsedad.
Ahí está.
Pero yo no estoy inmóvil y la fuerza que ahora me enfrasca en el agua salada, levantará la tapa.
Siento un impulso nuevo en mi interior.
En medio de todo esto se que es el camino a la puerta.
Y que por mas extraño que sea, de ahí me viene la ligereza de mis pies para salir de los hoyos negros.
Paisajes maravillosos me esperan, sólo que ahora son reales, aceptan sus opuestos.
No me puedo seguir deteniendo.
Bebí el agua y no calma mi sed, aumenta la pesadez.
Es momento de romper el vaso.
Los miedos se discipan al mirar al otro lado porque es real.
Y las murmuraciones del silencio recobraran mi calma.
Mi corazón sabe que no puede demorar mas.
Esos minutos que parecen desvanecerse se reconstruyen en la arena.
Y me dan frutos añejos para sostener el largo camino que debí emprender hace tanto tiempo y que ahora se abre entre claro oscuros sin que pueda advertir con claridad los puentes que debo cruzar.
Tantas canciones se conjugan en una sola para hacer mi camino más ameno. Pensé que me herían, pero son inofensivas y juguetonas cuando las escucho desde el ahora.

Y sin embargo no se me han quitado las ganas de bailar.