martes, 30 de enero de 2018

Para mi racimo de estrellas


Este día en un tiempo sin pasado, ni presente, ni futuro, los astros se juntaron y decidieron regalarle su luz a un niño para que supiera iluminar los corazones cuando estuvieran tristes, para que no detuviera sus manos cuando se tratara de ayudar a alguien más, para que con una sola mirada pudiera comprenderlo todo y reiniciar la música apagada en los corazones, para que sintiera el sufrimiento de los otros, pusiera todas sus dulzuras y así no fueran tan pesado. Le dieron tanta sensibilidad que su corazón no puede con tanto por eso al estar en contacto otros corazones caen de amor ante sus encantos y solo quieren seguirlo y estar cerca de él y aprender de sus gestos y miradas y explorar los mundos que construye con cada palabra.
Ese racimo de estrellas eres tú.
Ésta debería ser una carta de feliz cumpleaños
claro que diré lo que siempre se dice, que te deseo un feliz cumpleaños.
No sabes todo lo que he planeado y todo el tiempo que le he dado vueltas, pero prefiero que esto terminara en algo sencillo.
Tal vez no debería, tal vez soy muy ingenua.
Solo quiero felicitarte porque aún en medio de tantas cosas que al parecer no entenderé, siempre te he admirado mucho. Así comenzó nuestra historia.

Sé que puedo ser la persona más fría, grosera e indiferente, pero en el fondo todo eso —por incongruente que parezca— es porque no quiero ser egoísta.
Sé bien lo que quiero y que sin engañarme es la mejor decisión que he tomado, no solo por mí, también para ti y también sé que en el fondo tu lo sabes.
Me alegra que estés trabajando por tus sueños y realmente deseo que seas feliz y sé que lo conseguirás mientras seas auténtico porque así como eres no hay nada que falte. No tienes que mostrar nada fuera de lo que ya hay dentro de ti.
No he conocido nadie tan decidido, sé que eres capaz de conseguirlo todo.
Nunca pierdas la ternura de tu corazón que derrite todo con su fuego acogedor, tranquilo, seguro.
No permitas que nadie te lastime, no entres en la lógica depredadora del sinsentido, tu sabes bien lo que te daña, aléjate de todo eso.
Valórate tal y como eres y no esperes menos de lo que mereces. Esfuérzate porque los frutos que más trabajo han costado sembrar, son los más deliciosos y saludables para el alma.
Perdona, suelta tus temores, tus enojos, tus rencores, libérate de todo lo que te impide llegar hasta donde quieras; confía en las maravillas que vibran en tu ser; no te sueltes del ave de los sueños, si no te ha llevado hasta ellos.
No  necesitas la aprobación de extraños.
Hay tantos que te queremos que nunca sabrás cuanto.
Siempre estaré agradecida por todo lo que me has dado, cada palabra, cada detalle, gracias por mirarme con el corazón y por encender mis luces ocultas.
Sé que sin ti no sería lo que ahora soy
Es momento de que me retire sin hacer ruido, aunque me puedas escuchar aún si no me ves.
No puedo seguir interfiriendo porque mis pies han tomado ya otro rumbo al igual que los tuyos.
Estoy segura de que tus ríos desembocarán en hermosos océanos, que te encontrarás con hermosos paisajes y que podrás con todo lo que se presente.
Solo no descuides tu corazón y no te encierres en tu soledad; no cierres las puertas a la esperanza; no te niegues a construir lo que deseas; no te conformes con lo momentáneo que lastima de poquito en poquito, porque te mereces lo mejor y recuerda, somos comunidad con los otros.
No habrá un día en que no eleve mi oración con la confianza de que alcanzarás lo que deseas. Y si en algún momento te equivocas, lograrás reemprender tu camino con nuevos horizontes, nunca te detengas.
La vida, sin importar todo lo que pase, siempre vale la pena.

Que el sol brille al unísono con tus ojos y te recuerde el amor infinito que guarda tu corazón para que no te sientas solo. Cuando te sientas perdido, recuerda el aroma de las flores.

Que cada vez que veas un cielo sin estrellas recuerdes que allí están, trascendiendo las barreras de los sentidos, que siguen iluminando y dando fuerza a tu corazón, que te sonríen en medio de la oscuridad sin dejar de cantar y que te cobijan con su música para que nunca te sientas solo.
Gracias por dejarme entrar y poder conocer un pedacito de los paraísos de tu corazón, —hay luces que nunca se apagarán en mí, es tan fácil perderse y encontrarse en tus chinos—. 
Perdón si alguna vez te hice daño, nunca quise eso porque al estar contigo lo único que deseas es que estés bien, cuidarte y llenarte de alegrías, pero a veces uno falla, disculpa.
Por ultimo deseo que tu fe se mantenga firme y crezca cada vez más para que te sostenga cuando no encuentres el camino.
Con todo mi corazón
L.




P. d. 1. Preferí este espacio donde soy arropada por mi insomniomental.
P. d. 2. Te dejo unos regalos sonoros, tal vez no es de lo mejor, pero en este momento me salieron del corazón.




sábado, 9 de diciembre de 2017

Reflejos


Quisiera ver sus reflejos sin sentir lo que siento,
el brillo de sus luceros sin atarme a ellos,
Quisiera no escuchar lo que escucho,
no ver lo que veo,
no entender lo que entiendo.
Quisiera apagar mi sexto sentido,
quisiera no tener frío.
Quisiera concentrarme,
quisiera terminar lo que empecé.
Quisiera darle importancia a lo importante.
Quisiera no estar enferma,
quisiera que el tiempo se detuviera.
Retraso la carrera, pero es inminente.
Sé cómo salvarme pero no quiero.
Todo está cambiando de lugar mientras yo me siento a ver el oscuro cielo.
Ahí nada cambia, pero a mi alrededor sí, por eso dirijo la mirada hacia arriba,

como si así me librara del movimiento.


martes, 21 de marzo de 2017

Quiero ser río


Los minutos se deslizan al ritmo de la Primera Arabesca de Debussy, parece que se detienen, pero son constantes.
Se van los días y me abrazo de las noches sin quererlas soltar, no quiero salir de su oscuridad. Por eso al primer saludo del sol, cierro mi corazón para que no se le olviden las estrellas. Ellas me rodean creando hermosas figuras en mi cielo, me recuerdan el pasado y transforman el presente.
Mis ojos no quieren ver lo evidente, se imaginan otros horizontes mientras el mundo se pierde entre el polvo que causan las bombas exteriores e interiores.
La columna está dolorida por tanto no cargar, por empeñarse en su posición fetal que debió superar hace más de tres pares de manos, las cuales no han aprendido o no quieren soltar.
Suspendido mi cabello corre con el agua, flota en los líquidos de lo incomprensible, de la negación, la fascinación por la calma. Contrarios a las olas del mar que me arrastran y me estampan contras las rocas. No quiero ser mar, quiero ser río y seguir mi propio camino sin detenerme.
Ahora soy una hermosa laguna inmóvil y quieta, que esconde dentro de sí hermosas ciudades perdidas en el tiempo, donde los peces de colores han hecho su hogar feliz y tranquilo. Los rayos del sol dan brillo a mis aguas verdes, inertes en la quietud de tiempos que no corresponden con el ahora.

Del fondo surge una fuerza que me obliga a moverme, pero las pesadas montañas me lo impiden; cantan despacio muchas historias que aturden mi silencio. Sin que ellas lo quieran me hacen invocar a la tierra y al viento para que me ayuden a salir de mi.


martes, 28 de febrero de 2017

Joven esperanza

En el intento de encontrarme de nuevo entre la blancura de las hojas y la tinta azul de mi corazón, pude escuchar sus débiles toquidos suplicantes para que abriera la puerta.
Un poco temerosa ante la duda de lo que podía encontrar al otro lado, me armé de valor y la abrí. Ríos de agua marina salieron y me empaparon.
El pobre corazón se estaba ahogando, pensé que me reclamaría el abandono, pero no fue así. Sonrió débilmente y me abrazó. Su cuerpecito débil como pudo se puso en pie, no había perdido su inocencia. En seguida puso nuestra canción preferida, preparó té y galletas de chocolate.
No había nada qué decir porque los dos nos entendíamos muy bien, así que solo sonreímos y comimos en silencio un largo rato.
Caminamos por su jardín y me mostró los estragos de la helada. Al ver mi mirada triste dijo que me seguiría hasta que ya no pudiera estirar más la cuerda, pasara lo que pasara.
Nunca me había juzgado y no lo haría esa vez, solo me dijo:
“Sé que sigues sin entender lo que pasa, yo tampoco lo entiendo bien. Caminas lejos, muy lejos; arriesgas tus tobillos y subes las montañas pese a que nunca ha sido buena para caminar y de pronto, volteas y al ver el fuego de la casa regresas corriendo sin importar que te resbalas al bajar, sientes que esos golpes no te duelen, pero créeme nos dolerán.
Hiciste cálculos matemáticos y lo intentaste por diferentes caminos, pero siempre salió el mismo resultado. Te aterrorizaba tanto que acudiste a mí para que te diera tu respuestas, la que venias creando entre nubes y yo, ¡claro!, te la di.
Ahora mira en que punto estamos, las manecillas siguen su camino mientras tu vives de sueños en tu cama, tus decisiones las construyes como un barco de papel y es tan cómodo que le has dibujado puertas, ventanas, flores y lo has pintado con tus colores preferidos. Ves el atardecer en la hamaca, te gana el sueño, te levantas en la madrugada llena de angustias, miras las estrellas y te vuelves a dormir sin darles importancia; mientras los periódicos matutinos se quedan atrancado la puerta de la realidad. El primer día dijiste que lo levantarías y leerías más tarde, ahora son tantos que tu barco se hunde lentamente, pero no te preocupes, te seguiré hasta esa isla que me has prometido —aunque la seguimos sin ver— dices que hay peces de colores y suficientes frutas para comer. Sólo te pido que esta vez llegues antes a liberarme de esta agua salada, temo convertirme en coral y que sólo puedas escuchar el eco de mi voz”.

Salí y dejé la puerta entre abierta para seguir escuchando nuestra canción. Me acerqué al horizonte y me dejé iluminar por el sol, al tiempo que se me escapaba una sonrisa germinada por la joven esperanza.